viernes, 14 de noviembre de 2008

ritual de lo habitual

Eran eso de las diez de la noche y yo, que dormía en la cucheta en la pieza con Nati, me pasaba al otro cuarto. Todavía no se cómo se decidía este cambio de rutina, si era en los días en que nos quedábamos trasnochando, o cuando Nati dormía afuera, o simplemente era él o yo, quien decía, -hoy dormimos juntos.
Sacábamos la cama de abajo, y comenzaba el ritual.
-que esto yo lo hago todas las noches, de veras, invoco mediante esta danza y este rezo a este dios.
Y estaba en su cama patas arriba, con las manos detras de la espalda llegando a la cola , la cabeza colorada, moviendo los pies de un lado al otro haciendo la bicileta. O bien podía ser: sus palmas juntas rezando, las rodillas pegadas al menton y su frente a la izquierda. Siempre cambiaba, de posición, de dios y de rezo. Pero él juraba que no, que así habían sido las últimas diez noches, ponele. Calculo que esa era la frecuencia con la que dormíamos juntos.

Y yo en la cama de abajo, repitiendo/imitando/copiando, en todas esas noches compartidas, el ritual de lo habitual con mi hermano.


...con alegría y orgullo...
...empiezan a levantarse en la tierra unos ladrillos que quieren llegar al cielo...

2 comentarios:

Julia dijo...

Los hermanos son lo mejor que nos dan nuestros viejos, lejos.

Marineta dijo...

pufffff