Las mías, las tuyas.
Y las tuyas. Y las otras mías. El sonido (o justo el silencio) de la respiración cuando exala-inhala el humo del cigarrillo mientras hablabámos por teléfono. Todo el cuerpo, la postura, la actitud, en ese rozamiento del aire entre los dientes y el paladar, y otra vez el humo afuera: sí, te escucho.
Acepto que lo robe, y no lo linekee...que grande la Lola!
Creo que nadie ha descrito mejor que ella como es eso de fumar y hablar...y mi obsesión por el cigarro sigue siendo una maldita obsesión.
Se agrdece M.K.